RECORTES NO

miércoles, 27 de abril de 2011

En busca de otro ángel (I de II): los fallos

Tras la muerte de Goofy, nuestro angelito sin alas, sabíamos que a él le habría gustado que recogiéramos a un perrito de un refugio. En este post, hablaré de las 2 primeras adopciones fallidas, y en el próximo del final feliz de nuestra reciente historia canina.

Shimi, un gol por toda la escuadra
Shimi

Al peke lo engañan con una facilidad pasmosa. Va a cumplir 14, y parece que tuviera 10. Conoció a un amigo-de amigo-de amigo (o sea, un desconocido) que no podía quedarse con su querida Shimi, y le aseguró que no crecería más. Queríamos un perro pequeño, y él se tragó que un podenco de 3 meses no crece más... Eso sin contar que un cachorro cualquiera tiene un período de aprendizaje que exige dedicación y mucho ejercicio, aparte de paciencia por los destrozos propios de su edad. En efecto, aparte de algunos mordisqueos sin importancia, la interfecta masticó concienzudamente las gafas de su ingenuo benefactor: 128 € del ala, casi ná. Por eso preferíamos un perro adulto. ¡No nos podíamos quedar un podenco de 3 meses!

Además, el 'pícaro desconocido' no sólo le "coló" la trola del tamaño de la perrita (una preciosidad, sin duda), sino que le dio un nº de teléfono "por si a tu madre no le parece bien y me lo queréis devolver". Como era de esperar, nadie contestó a nuestras llamadas, ni atendió los mensajes que dejamos. ¡¡Goollll!! Así que tuvimos que llevar a Shimi al centro de acogida municipal, que pronto encontró familia adecuada para ella. Por fortuna, la recogida de animales no es como antes.

Coby, una elección equivocada

Coby, recién bañado
A mediados de febrero, acudimos a la Asociación Las Nieves, por recomendación de nuestro veterinario local. Entre los distintos perros que vimos, nos gustó este cazador negro, poco más o menos de 1 año de edad y algo menos de 10 kilos. Recogido cachorro, se había criado en el refugio, de forma que apenas había tenido trato con humanos, lo cual explicaba su carácter algo esquivo. Pensamos que se adaptaría rápido a la vida en familia, dada su edad, pero nos equivocamos.

En el parque
Coby parecía no querer aprender a tratar con humanos. Tuvimos paciencia y dedicación 1 mes entero, pero los aparentes progresos en su comportamiento desaparecían de repente y sin motivo. Ataques de pánico, ladridos agresivos, incluso llegó a morderme. Sacamos la conclusión de que, o era un perro de manada, no apto para la vida en un piso, o bien su crianza en el refugio lo había inhabilitado para socializar con humanos. El 13 de marzo, casi llorando por el fracaso, lo llevamos de vuelta a Las Nieves, sin intención alguna de adoptar a otro perro de momento. En eso también nos equivocamos.

Coby corretea ya por el jardín de su nueva familia, y en casa tenemos a un inesperado perrito maravilloso.

(Continuará) 

1 comentario:

Paseadores de Perros dijo...

buen post, muy lindas imagenes