RECORTES NO

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Para "desengrasar", Pavo al Güisqui

Para luchar contra la tristeza, nada mejor que la risa. Hay cosas que, por mucho que las vuelvas a ver/leer/oír, te siguen produciendo carcajadas compulsivas. Eso es lo que me pasa con esta archiconocida receta cómica, que encontré, hace como 18 años, cuando ya me movía por Internet en sus formas primitivas (redes privadas, BBS, Gopher, TELNET, FTP, FidoNet, etc).

Que la disfrutéis.

Ingredientes:

- Pavo de tres kilos.
- 1 botella de whisky.
- 150 gramos de panceta.
- Aceite de Oliva.
- Pimienta.
- Sal.

Preparación:

- Tomarse un buen vaso de whisky antes de comenzar. 
- Rellenar el pavo con la panceta, salpimentarlo y echarle un chorrito de aceite de oliva.
- Precalentar el horno a 180º durante 10 minutos.
- Mientras se calienta el horno, servirse otro pelotazo de whisky.
- Meter el pavo en el horno.
- Mientras el pavo está en el horno, tomarse otro pelotazo y cantarle una mijita al pavo.
- Sublir el horno a 220º, darle caña al derbostato y esberar veinte binutos.
- Servirse otro belotasso.
- Al cabo de un drato, hornir el abro para gondrolar y echar un chodretón de güiqui al babo y otro a uno bismo.
- Darle la güerta al babo.
- Cantarle un fandango al babo mientras se sicharra.
- Redirar el babo del honno. Si se te dresbala, bruscarlo por el suelo.
- Odro pelotazo pa inicia dra busqureda.
- Darse un jardasso al resfalar con la grassa del suelo.
- Plobar la sarsa del ssuelo que ya estradá fleshquita.
- Tromarse otra copita e inblitar al babo questa tumbao al lao.
- Indendar levandarse y desidir que en el suelo se está de gojones.
- Abarese la barienta, engüendra el babo en el basillo, lo tira a la bassura y te forma la de Dió.
- Tomarse odro güisqui.
- Y adrora a comé… ¿Y el babo?… ¿Dronde eshta el babo?… El hio puta sa bebio el wishhki y se a io.


 Feliz 2011 (que falta nos hace)


viernes, 24 de diciembre de 2010

2010, año de muertes

A ver si acaba ya este año maldito...

En abril, muere Chiky, la pequeña gerbo de Adri. En mayo, la madre de Farala. El 27 de octubre, mi padre, y 12 días después, mi prima Marta. El 12 de este mes, nuestro angelito Goofy.

Ayer por la tarde murió mi tía Carmela, tras un largo proceso degenerativo. Era 15 años menor que mi madre, que ha estado ocupándose de ella intensamente en los últimos años. Puedo decir y digo, sin crueldad ni indiferencia, que al fin dejó de sufrir, y no me refiero sólo a su enfermedad.

Nunca tuve demasiado trato con ella, y cuando la veía nuestras conversaciones eran siempre cortas y bastante superficiales. Sin embargo, siempre fue cariñosa y respetuosa conmigo, antes y después de mi transición. En la foto, comida con la familia Calvo, en la celebración de las bodas de oro de mis padres, en septiembre 2005. Fue antes de su enfermedad. La vi por última vez en los funerales de mi padre, ya en silla de ruedas. Muy triste.

Estoy triste, aunque resignada. Son muchas muertes en poco tiempo. Es como si quisieran entrar todas en el mismo ejercicio fiscal... ¿Tal vez si vienen juntas el año que viene será menos agotador? El año pasado fue de hospitales y muertes, éste de muertes fulminantes. ¿Ya vale, ¿no? Jo...

martes, 14 de diciembre de 2010

Muertas de dolor

Estamos (sí, en presente) enamoradas de nuestro Goofy, que sigue y seguirá dentro de nuestros corazones siempre. Ahí está él, tan guapo, y a su lado la fecha de su muerte.

El domingo por la tarde, volviendo de un fin de semana maravilloso en casa de Toñi (Antonova Masedoska), hicimos una parada a 87 kms de Madrid, en el Mesón Los Charros (Otero, Toledo). Un hijoputa que iba a toda hostia por la vía de servicio nos lo atropelló fatalmente. Eran las 18:30, y es como si desde entonces se nos hubieran parado todos los relojes.

No quiero poner aquí detalles tétricos, pero llevamos 2 días llorando, y lo que nos queda... Tampoco voy a gastar rabia o clamar venganza. No tenemos fuerzas para eso.

Era el señor Goofy, mucho más que un perro, que nos enseñó a amar la vida con humildad, paz y entrega a los demás. Es un ángel sin alas que cayó un día en casa, sin saber cómo, y se fue cuando su misión quedó cumplida. Ahora está haciendo el bien en otro sitio, reencarnado en algún otro animal o persona.

Que te vaya bien, pelúo guapo. Has sido lo mejor que ha pasado por nuestras vidas.