RECORTES NO

domingo, 18 de abril de 2010

Se nos muere Chiky

Al peke le regalaron el día de su décimo cumpleaños (mayo 2007) una pareja de gerbos: Ckiky y una compañera, que murió de frío al primer invierno. Son animales delicados y necesitan materiales para hacerse nidos calentitos. No lo sabíamos, y un niño de 10 años, menos. Si es que cuando dicen que un animal no es un juguete...

Esta clase de roedores suele vivir alrededor de 2 años, contando con unos cuidados regulares, buena alimentación y un hábitat adecuado. Y eso suponiendo que no se resfríe ni se lastime, porque cualquier infección sería mortal en unas horas. Chiky ya es, por tanto, muy viejita, y el último año que ha vivido ya ha sido de regalo. Llevaba unos meses respirando con dificultad, para luego mejorar espontáneamente, y luego apagarse poco a poco. Ayer se quedó tumbada de lado y apenas se movía. Esta mañana aún respiraba, pero mal y ya es incapaz de moverse. Esperamos el fin en las próximas horas.

Prefiero recordarla como en la foto: inquieta, curiosa, sociable. Por eso no le voy a sacar una última foto tal y como está ahora. Ha tenido buena vida, y nos ha enseñado a cuidarla. Descanse en paz.

lunes, 12 de abril de 2010

Viaje al Maestrazgo: En honor a Goofy

Después de leer el último post de Marga, nos damos cuenta de la suerte que tenemos. Hay quien considera que querer a un animal es derrochar cualidades humanas que deberían dirigirse a otros fines, pero nosotras nos negamos a aceptarlo. Desde que Goofy entró en la familia hemos pensado en cómo integrarlo mejor, garantizar su crecimiento, salud y felicidad. Y como todo eso pasa por que nos acompañe cuando vayamos de vacaciones, hemos hecho un viaje en honor a él, cosa de ir acostumbrándolo a la carretera.

Los propietarios del Molino Alto, en la Cuenca Minera de Teruel, nos dijeron que no admitían perros, por alguna mala experiencia que habían tenido. Ratita sabía que Goofy les conquistaría el corazón y que no le pondrían ningún problema, aparte de que éramos sus únicas huéspedes y sólo estaríamos una noche. Tenía razón :-). Nada más verlo, se enamoraron, y por supuesto pudo dormir con nosotras en la habitación.

La casa, por cierto, un encanto, y los dueños, también. Hacía tiempo que no comíamos longaniza y chorizo caseros asados a la brasa de una chimenea. Fue una delicia despertar con los pajaritos y el murmullo del riachuelo. El regreso por la Sierra del Maestrazgo fue hermoso. Lástima no haber podido estar más tiempo, pasar otra noche en alguno de esos pueblos, como Tronchón, donde compramos un queso de cabra del lugar y un buen trozo de jamón de Teruel.

Goofy, por su parte, se portó como un señor. 950 kilómetros llenos de curvas en 2 días, y él quietecito y callado en el asiento de atrás. Ni mareos, ni nada, y sin darle Biodramina. He viajado mucho con perros, pero nunca con un encanto como éste. Corrió por el campo, jugamos con él todo lo que pudimos, se lo pasó en grande. Era un viaje de prueba, también para poder dedicarle tiempo y paseos. Misión cumplida. Se lo ha merecido.