RECORTES NO

jueves, 5 de marzo de 2009

¿Ojo por ojo? ¿O ciego por ciego?


Me ocurre mucho últimamente: no sé qué pensar, y tengo sentimientos encontrados con respecto a hechos y vivencias recientes.

Lo de Ameneh Bahrami [foto: IRNA] es uno de esos sucesos que me dejan un tanto aturdida.

En 2004, esta mujer iraní estudiaba Ingeniería Electrónica en Teherán. Un pretendiente, al verse rechazado por ella, decidió quemarle la cara con vitriolo. Ameneh, además de desfigurada, ha quedado ciega, y la cirugía sólo le ha podido devolver un párpado. No sé cómo se las arreglará ahora para seguir estudiando y trabajando como lo hacía hasta el día que sufrío esa brutal agresión.

Parecería un chiste de mal gusto decir que Ameneh sólo conocía a Majid Emovahedi "de vista". Porque ahora, 4 años y medio después, con la misma frialdad que su criminal agresor, va a volver a "verle" en Irán para la ejecución de la sentencia, según la Ley del Talión que se aplica allí: Majid, previamente anestesiado, recibirá varias gotas de ácido en sus ojos; Ameneh podrá administrárselas ella misma, y así dejarlo ciego como él hizo con ella.

¿Ojo por ojo? Pues sí, pero... por poco. Resulta que la ley iraní, al considerar que una mujer vale la mitad que un hombre, sólo le dejaría cobrarse UNO de los ojos de su agresor. En este caso, si el juez ha concedido a Ameneh destruir AMBOS ojos es por las demás quemaduras que ella sufrió en la cara y las manos. O sea, es como una indemnización, pero en carne viva (literal, oiga).

Me parecen dignas de mención las palabras de Ameneh ante la aplicación de tal sentencia:

"Yo quiero pagarle con el ojo por ojo. Me ha arruinado la vida y quiero estar segura de que no va a hacer lo mismo con ninguna otra mujer"

Aquí es donde mis esquemas se derrumban y me pierdo. Siempre creí que mis férreos principios no-violentos y mi total rechazo a la Ley del Talión (entre cuyas aplicaciones está la pena de muerte), me harían escandalizarme ante una venganza tan fría y brutal como ésta. Pero leo esas frases, miro la foto... y casi me parece hasta bien. ¿Lamentable? Sí... ¿Terrorífico? Sí... ¿Necesario? No... ¿Injusto o carente de lógica? Pues... tampoco.

Me siento fatal por no sentir ninguna gana de -por ejemplo- escribir un mail a Ameneh y pedirle que reconsidere su decisión, porque estoy cargándome mis principios más esenciales. Sólo entiendo la violencia en legítima defensa, y no DEBO, QUIERO ni PUEDO permitir(me) excepciones a esa premisa absoluta. Sin embargo... imagino la agresión y al agresor, veo a la agredida, pienso en esas dos vidas encontradas y destruidas, y sólo me siento capaz de compadecer a la víctima, y no sólo por sus lesiones permanentes, sino por lo que va a hacer. No sé si yo sería capaz de hacerlo. Eso es lo peor...

El afán de posesión siempre es el origen de estas agresiones. Si ya entiendo poco y mal la obsesión por las propiedades materiales (más allá de las necesidades básicas), puede imaginarse lo inconcebible que me resulta obstinarse por poseer personas. Me aterra observar que utilizamos los mismos posesivos tanto para expresar vínculo o dependencia como para expresar pertenencia o posesión: mi casa, mi trabajo, mi hijo, mi mujer... También decimos "soy tuya, tómame"... como si eso fuera posible. Es metafórico, vale, pero lo pienso y me parece también peligroso.

Éstas son reflexiones sueltas, y sé que mi argumentación es incompleta. Quedan en el aire las preguntas casi obvias, con respuestas que no lo son tanto:

  • ¿Nos educan igual a hombres y mujeres en el afán de posesión?
  • ¿La posesión es un concepto masculino/machista/patriarcal/etc.?
  • ¿El afán de posesión implica valorizar o desvalorizar la cosa o persona codiciada?
  • ¿La destrucción de la cosa/persona codiciada indica complejo de inferioridad?
  • ¿Cómo se educa a un(a) niñ# para que sea humilde y generos# sin sentirse inferior?

The answer, my friend... etc. etc.