RECORTES NO

jueves, 26 de febrero de 2009

Otro reportaje sobre lo mismo... ¿Por qué?

El otro día puse un enlace a un video de un reportaje emitido en TV3. Ayer, miércoles 25, emitieron otro en Comando Actualidad, en TVE1, sobre el mismo tema. No sé a qué se deberá tanto interés últimamente sobre la transexualidad, pero conociendo los medios... me mosquea. [Para verlo, clicad aquí, o en la foto, porque no es enlazable]

La verdad es que le han dado un tratamiento inteligente, buscando la visibilidad de individuos socialmente integrados, sin estridencias ni morbos... El tono didáctico puede molestar a algun#s, pero creo que es necesario, y al menos no resulta empalagoso, recargado ni forzado. Es una sucesión de testimonios felices, ejemplificantes por su sencillez, aunque no exentos de un sufrimiento intrínseco, también necesario, como un parto o un rito iniciático tipo adolescente.

Me he reconocido en casi todas estas historias, he recordado cosas desagradables y divertidas, he revisitado lugares y personas que fueron mucho para mí. No sé si han cambiado mucho las cosas en estos últimos 10 años, pero sí puedo afirmar que ha cambiado radicalmente la forma de contarlas, explicarlas y vivirlas.

Ya no se ve tanta extrañeza cuando hablan de amor o de sexo como cualquier hombre o mujer. Lo único llamativo, y porque para ell#s también lo es, es su imagen anterior, el rol social que no era el suyo, la identidad que nunca tuvieron y que no supieron o pudieron dejar de fingir antes.

Eso sí, persiste la vieja terminología que sigue desvirtuando la realidad del tema: cambiar de sexo (eso no existe), sentirse hombre/mujer (la condición de mujer u hombre es un hecho, no un sentimiento), etc. Como Historiadora de la Lengua, sé perfectamente que el cambio lingüístico es más lento que todo eso, pero claro... como afectada me irrita un pelín esa resistencia. Al menos ya no se confunde la transexualidad con la homosexualidad, que ya es algo...

Quizá sean paranoyas mías, pero ya van 2 reportajes en televisión sobre el mismo tema en apenas 2 semanas, y encima en prime time, sin prostitución, victimismo ni fruslerías. ¿Por qué precisamente ahora? Mosqueooooo.

En fin... espero que os guste, sisters, y que os resulte útil. Aysss, si es que no puedo dejar el tono docenteeee. :-)

lunes, 23 de febrero de 2009

New Look

Para celebrar que he superado las pruebas oficiales de rigor (o sea, que ya soy vigilante con placa-placa), ¡tacháááánnnn! me he cortado el pelooooo.

Creo que fue Manzanita la que me pegó el síndrome de Sansón (sí, el de Dalila), que si me cortaba el pelo perdería mi fuerza. Ya os lo diré, pero me veo bien.

Después de 10 años con melena, me dio como un escalofrío verla caer al suelo. Aun así, estaba decidida, y en el espejo se iba dibujando el nuevo look que me habían aconsejado mis peluqueras, pero jo, no me atrevía...

A ver qué me dicen ahora... Yo casi no me lo creo. Qué tontería, ¿no?

viernes, 13 de febrero de 2009

Así que pasen 20 más, Manzanita

Tal día como ayer, hace 20 años exactos, felicité a mi super-ex por su santo. (por cierto, Farala, gracias por esa genialidad tuya de super-ex :-).

Ayer le mandé un sms por lo mismo. Hoy me ha respondido con otro, agradeciendo que me acordase. A mi izquierda tengo una foto suya con su hija en brazos (otoño 2003). No sabe hasta qué punto fue importante para mí acordarme de su santo ayer. No podía callarme este recuerdo.

No es una santa especialmente conocida, no es un nombre excesivamente común, por eso Manzanita se extrañó -siendo yo entonces un mero compañero de trabajo- que la llamara para felicitarla. Naturalmente, tenía razón ella, no era una de mis inocentes excentricidades...

Desde que empezamos a trabajar juntas, la impresión que me había llevado de ella un par de meses antes, en casa de nuestra futura jefa, cambió. Dejé de verla como una charlatana infantil y pretenciosa y empecé a fijarme en su carita redonda y mofletes colorados (de ahí lo de Manzanita). De reojo, miraba sus pies pequeños y siempre entaconados. Me costó un poco superar el hielo profesional, pero el amor nació, no sé muy bien cómo. Sólo sé que siempre le gustaron mis ojos verdes, lo demás sigue siendo un misterio para mí.

Yo no estaba libre. Llevaba en una relación casi 6 años (en crisis profunda, sí, pero relación), y no quería permitir que un contacto profesional demasiado cercano me impidiera remontar el vuelo. De veras que lo intenté, pero fue inútil.

Mañana, San Valentín, se cumplirán 20 años de mi ruptura con mi primera ex-. El lunes se cumplirán 20 años de mi primer beso, apasionado y febril, con Manzanita, en nuestro despacho. Juro que, entre ese 16 de febrero 1989 (también lunes, por cierto) y el 1 de enero 2007, cuando mi Ratita y yo nos besamos por primera vez (curioso, también lunes), NADA ni NADIE me hizo sentir así. ¿Me traen suerte los lunes, o es la luna la que vela por mi amor?

Es horrible comparar, hacer un ránking así, es vergonzosamente injusto y egoísta. Me odio por ello, pero tengo que ser sincera y ponerlo por escrito. Tengo que reconocer el amor de alguna manera, o volveré a confundirlo con lo que no lo es. He tardado 18 años en recuperar el amor, ahora lo sé.

Gracias, Manzanita.

Gracias, Ratita.

martes, 10 de febrero de 2009

Memoria histórica... y el machismo persiste

Un amigo me ha pasado el link a este reportaje de TV3, emitido el pasado lunes, día 9 [clicar aquí si no se ve el video incrustado]. La voz en off del reportero está en catalán, pero al menos las protagonistas hablan en castellano.

Son viejas compañeras de lucha. Silvia y Josephine tienen ya una edad, son la generación que sobrevivió milagrosamente al franquismo de los 60-70 y al SIDA de los 80.

[Nota: Poca gente lo sabe, pero el 25% de la población de mujeres transexuales dedicada a la prostitución en los 80 murió de SIDA, una mortalidad que ningún otro colectivo, ni el gay, ni el de heroinómanos, ha sufrido nunca. El movimiento gay siempre ha contabilizado como propias esas bajas, como si fuera lo mismo un HIV de cuarto oscuro que el que se coge trabajando en la calle para sobrevivir, de un cliente o de un chulo yonqui...]

No se lo podemos reprochar, pero las mujeres de esa edad todavía asumen que forman parte del colectivo gay. En aquellos tiempos nadie distinguía entre identidad de género y sexualidad. Aun hoy, mucha gente tampoco entiende la independencia de una y otra cosa, y se mea de risa cuando se entera de que una mujer transexual es lesbiana. Antes me dolía cuando alguna de esas compañeras (no Silvia ni Josephine, ni otras muchas, ojo) me llamaba "tío con coño". Hoy casi me hace gracia.

Lo que sigo sin digerir es que el propio movimiento gay se erija como "representante" de las mujeres transexuales, y "gestione generosamente" (¡hay que joderse!) las indemnizaciones que les corresponden según la Ley de Memoria Histórica. En fin, al menos Silvia menciona bien alto y claro que sin las mujeres transexuales detenidas y condenadas durante el franquismo, el movimiento gay español no existiría.

Pero es casi más triste aún que Josephine, una mujer moderna y que ha luchado tanto para sobrevivir y dedicarse a lo que la hace feliz, haciendo unos esfuerzos sobrehumanos para salir de la prostitución, pueda decir lo que dice en el minuto 11:30 del video (casi al final).

"Envejecer es pánico, pánico a envejecer. Y el que diga que no, miente, miente como una perra. LLega un punto que el cuerpo hace 'crack' y se descuelga todo, y entonces nadie te quiere."

¿Síndrome de Estocolmo? Tal vez, pero no veo excusas para transigir, ni siquiera en sus circunstancias. Asumir que es lógico que nadie te quiera si no eres joven y atractiva, con todo "en su sitio", equivale a dar por buenos los parámetros más retrógadas y machistas que pesan sobre las mujeres. A ningún hombre se le exije lo mismo, y no me digáis que "todos debemos cuidarnos", porque bien sabéis que no se trata de eso.

Espero que os haya gustado y os haya aportado algo nuevo e instructivo.

sábado, 7 de febrero de 2009

Prueba 1 superadaaaaa

Es una chorrada, pero ahí estamos las 3 tan contentas por haber pasado las pruebas físicas para Vigilante de Seguridad. Celebrándolo con café con leche calentito, porque hacía un frío que pa qué.

Chorrada porque ni el trabajo es para tirar cohetes, ni las pruebas han sido para tanto. Sin embargo, el sabor a victoria está ahí.

Y eso que el día empezó mal...

Estoy acostumbrada a ir en moto a 5 bajo cero, pero que la lluvia se convierta en nieve... me supera. Media vuelta a los 10 minutos de salir de casa, la pantalla del casco cegada por la nieve, y a cambiarme la ropa mojada. Estuve a punto de no volver a salir, porque no llegaría a tiempo.

Seca y con un simple paraguas, cogí el tren, resignada a no hacer más que acto de presencia una hora después de la convocatoria y quedarme fuera. Me equivoqué. Tal era la cantidad de candidatas (las mujeres pasábamos primero), que no me llamaron hasta 10 minutos después de llegar.

¡Salvada por la campanaaaa! Prueba tras prueba, relajada y entre compañeras, iba superando las marcas exigidas. Sin honores de Estado ni fanfarrias épicas, pero sobrada. Eso sí... en la pista de atletismo hacía un fríoooooooo.

¡Joder, 1 hora y 20 minutos después de llegar yo (1 hora tarde) estábamos aprobadas! Casi no me lo podía creer...

Pues ahí estamos, como refleja la foto, Servidora, Loli y Mª Jesú, encantadas de la vida. Nos habían metido un miedo absurdo a las pruebas físicas... Café con leche, unas risas y a casita.

Queda la prueba teórica (el 15), pero me parece que será igual de fácil superarla que la otra.

Ya queda menossss.

martes, 3 de febrero de 2009

La violencia de género desde una curiosa perspectiva

Mis Musas están en crisis (o de baja con gripe, no sé). Por eso llevo un par de posts citando obras ajenas sin apenas aportar nada propio.

Una amiga me ha mandado este texto, de autor anónimo, alumno de 2º Curso de Bachillerato. Me parece interesante por 2 motivos:

  1. Refleja de forma cruda y gráfica una situación de violencia de género. Sobre eso, nada nuevo, salvo quizá la juventud del/de la autor(a).
  2. Trasluce -probablemente- una postura antiabortista, que no deseo comentar, pero que no deja de sorprenderme.

Sé que no tiene por qué ser contradictorio estar a la vez en contra del aborto y de los malos tratos. También sé que se puede interpretar de otra manera, que posiblemente el texto sólo pretenda cobrar más fuerza enfocando así la tragedia emocional. Sin embargo, también sé que no es lo mismo una interrupción voluntaria del embarazo que un asesinato.

Me he quedado un poco rara al terminar de leerlo. Quizá solamente sean las palabras, utilizadas desde una evidente inmadurez, las que me han jugado una mala pasada...

Vosotras diréis...

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Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado... porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras... Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu 'método de disciplina' intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe... La acobardas, la empujas, le das patadas..., patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos...Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!-dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez...

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a tí. Esta carta es para tí, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.