RECORTES NO

viernes, 2 de enero de 2009

La justicia es ciega... y a veces sorda

Con sus minusvalías (pobrecita mía), la justicia (me refiero a los tribunales) es lo último que nos queda para hacernos valer. El viejo dicho "más vale un mal arreglo que un buen pleito" está muy arraigado en nuestra cultura hispánica, y por buenos motivos. Sin embargo, cuando algunos "entes" de esta sociedad nos llevan al límite, no nos queda otra que embarcarnos en aventuras jurídicas como la que acabo de emprender.

Si ya produce cierto vértigo la idea de actuar judicialmente contra un particular (ex-cónyuge, ex-jefe, vecino, agresor...), emprender un proceso contra una institución pública suele ser una iniciativa casi aterradora. Es la hormiga contra la montaña, David contra Goliat, el ciudadano de a pie contra la gran maquinaria blindada del Estado.

En el caso Calamita, dos lesbianas se enfrentaban al deliberado retraso de la adopción legal del hijo de uno de ellas por su cónyuge. Fernando Ferrín Calamita [clicar en la imagen para ver el vídeo] ha sido condenado a 2 años de inhabilitación profesional por ese acto delibradamente homófobo. ¿Es lógico que así fuera? Según las leyes en vigor, sí, pero para su cumplimiento no dejaba de ser necesaria la cooperación del Consejo General del Poder Judicial, algo que Susana y Vanesa NO tenían nada claro cuando tuvieron que enfrentarse al atropello del que eran víctimas.

Dicho sea de paso, esta clase de pleitos no hace más que inaugurar una larga serie de conflictos por venir. En efecto, no deja de ser profundamente injusto que la misma ley que permite el matrimonio (o unión legal, llamadlo como queráis) entre personas del mismo sexo, no contemple, por ejemplo, que los hijos nacidos dentro del matrimonio queden automáticamente adoptados por el/la cónyuge, como sí sucede en matrimonios heterosexuales. Es de esperar la interposición de recursos contra el Estado por esa discriminación, ya que la igualdad es un principio fundamental de nuestra Constitución, en consonancia con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, incomprensiblemente olvidada en muchos lugares del mundo, 60 años después de su promulgación en la ONU.

Por mi parte, voy a demandar a 2 instituciones públicas, quizá 3, depende de la valoración de mis abogadas. L'Ajuntament de Barcelona y los Mossos d'Esquadra han vulnerado mi derecho a la dignidad y honor, así como a mi intimidad, aparte de negarme el derecho a la rectificación de datos personales. Demasiado mal lo he pasado a lo largo de mi transición, no sólo por los largos y costosos trámites de cambio de documentación, sino por las innumerables dificultades socio-laborales que he sufrido. Ahora que consigo, a base de sangre, sudor y lágrimas, estabilizar mi situación laboral, económica y social, con pareja y familia, aparecen estos personajes que se niegan a dirigirse a mí por mi nombre legal, varios años después de hacerse efectivo. Demasiado tiempo me he callado, pero no pienso pasarles ni una más.

Para que nos escuchen, tenemos que gritar mucho o ponerle un sonotone a las autoridades que nos gobiernan. Disponer -¡por fin!- de leyes progresistas no es suficiente si los responsables de su aplicación y desarrollo no las acatan ni son conscientes de los problemas que causan a los ciudadanos por no hacer bien su trabajo.

Si están sordos, gritaremos, y si de verdad la justicia es ciega, condenarán a quienes alardean de ser los paladines de nuestro bienestar, cuando en realidad sólo defienden el suyo propio. Tengo el lógico temor a que no salgan bien las cosas, pero eso de esconderse en silencio, a la espera de que pase el chaparrón, ¡NUNCA MÁS!

4 comentarios:

Mercedes dijo...

PElear es bueno. No tenemos porque aguantar ciertas cosas y lo que no pueden es presentar a Barcelona como una ciudad tolerante, o como dicen los expertos en catalogar nucleos urbanos una cool ciudad de las tres Ts: Tecnología, tolerancia y talento, para que sus instituciones luego se comporten de un modo bastante lejano a aquello que promulgan. Desde luego se ha hecho muy buen marketing de ciudad pero si siguen pasando algunas cosas qeu claman al cielo como tu caso o algunos de los abusos que coparon titulares el año pasado, la famosa ciudad de las tres t pronto habrá pasado a la historia. El Marketing de una ciudad hay que acompañarlo con acciones verdaderas qeu lo soporten o dura poco. Adoro Barcelona, ciertamente la prefiero a Madrid pero creo que estas cosas hay que pelear para cambiarlas.

Olga_C dijo...

Sí, Mercedes, hay mucho que pelear aún. Las leyes no son suficientes, porque hay que exigir que se cumplan. Aparte de eso, las mentalidades no cambian con las leyes, de ahí esa llamada a la visibilidad de las lesbianas, por ejemplo...

marga dijo...

tenés todo mi apoyo, fuerza nena

gata dijo...

Ay... ahora comprendo tu entrada anterior...