RECORTES NO

sábado, 29 de noviembre de 2008

Capítulo Cero - Pepe

Pepe, el tío Pepe, te visitó por primera vez cuando tenías 9 años. No es un récord mundial, pero vaya…

Desde entonces, tu madre y todas las mujeres a tu alrededor te advirtieron de los terribles peligros que corrías si dejabas que se te acercaran los tíos. Quizá esas señales de alarma, tan intensas y reiteradas, te marcaron para siempre, quién sabe…

Desde entonces, recibes esa visita todos los meses, más o menos puntualmente.

“Ya ha llegado el Pepe, la madre que lo
parió”.

Dedicamos poco interés a pensar por qué es importante el tío Pepe. Todas sabemos quién es y cómo se las gasta el muy cabrón, aunque no lo conozcamos. Cuando visita a una de nosotras, todas las demás lo sabemos, aunque no lo veamos.

Es difícil hablar de él sin que se alternen sentimientos muy diferentes, a veces contradictorios, por dentro y alrededor de nosotras: respeto, asco, orgullo, resignación, miedo, rabia, tristeza, alivio, esperanza, desesperanza, desesperación… Aún más difícil resulta explicar por qué ninguna de nosotras se plantea en serio mandarlo al carajo, y por qué las que no lo conocemos tenemos la sensación de ser incompletas, minusválidas, marginales, malditas, menores, mierdas… ¡Qué sé yo!

Todas las mujeres recuerdan el día que conocieron al tío Pepe. Casi todas restan importancia a esa experiencia, pero tú no. Eras muy niña, quizá demasiado, pero no es por eso.

Bueno, sí… Es verdad que salías de la infancia a lo bestia. Sí, sí, en ambos sentidos: bestia la infancia y bestia la manera en que saliste de ella. Pepe es así: graba las letras M-U-J-E-R en cuanto aparece, y con ese tatuaje en mayúsculas es imposible tener una infancia digna de tal nombre.

Saltabas a la comba, llevabas vestido… una estampa de lo más infantil, rasgada brutalmente cuando te presentas en casa chorreando sangre entre los muslos. Tu madre se llevó un buen susto, se lo esperaba tan poco como tú. Lo malo es que no supo (o no quiso) ayudarte a conservar lo poco que quedaba de niña en ti.

Nunca te gustó llevar vestidos, pero con Pepe los odiaste aún más. Con 9 años dejabas la niñez y pasabas a temer la mujeridad. Demasiado pronto entrabas en la Maldición de Eva, de cuajo y sin anestesia.

La Iglesia lo llama pecado original. Original, sin duda, eso de ser culpable antes de permitirte aprender la diferencia entre responsabilidad y culpa. Desaparecida la inocencia, es imposible su presunción. Pecadora por naturaleza, culpable por decreto, con el agravante de haber nacido ilegítima y criarte en una chabola de Carabanchel. Casi ná…

Hoy en día, parece la historia de otro continente, otro tiempo, otra cultura, igualmente remotos, sin presencia en el aquí y ahora. Ahora vienes tú y demuestras que no es así, que Pepe te puso el nombre y tu padrastro el apellido, porque para tu madre era demasiado cargar con tanta vergüenza. Cuando Pepe te bautizó, su derrame tiñó de rojo el pecado de tu madre. Naciste quebrantando el Séptimo Mandamiento (actos impuros o adulterio, según qué traductor), y venías con la manzana de Adán bajo el brazo, por ser niña. Si llegas a ser niño, habrías traído un pan y quizá, sólo quizá, pero quizá, tu madre no te habría castigado con ese apellido-padrastro.

Las penas con pan son menos, con Pepe fueron más. Muchas más. Jack Nicholson también es ilegítimo, por eso está en contra del aborto, según dijo una vez. No sé de ninguna actriz famosa que naciera bastarda. Recuérdame que lo mire en Internet.

Pepe es la culpa, ésa que has interiorizado, y el pecado, ése bajo el que siempre has vivido. Él te tatuó. Por eso tu refugio son las mujeres que no han sabido liberarse de su condena y presidio. Por eso también desprecias a aquéllas que fracasaron en su intento de fuga y se niegan a regresar a su celda. ¿Síndrome de Estocolmo? No lo sé, no soy psicóloga. Mira que lo siento...

viernes, 21 de noviembre de 2008

20-N

He buscado una imagen adecuada para ilustrar esta fecha y su significado, pero todas me parecían demasiado violentas o insulsas. Finalmente, me decanto por ésta, la placa de la ruta 20 de los moteros americanos.

Ayer se cumplieron 33 años de la muerte de Franco, el dictador, el Caudillo, el Generalísimo, el traidor, Paco el Rana, a.k.a. Francisco Franco Bahamonde.

Cada vez que llega esta fecha lo recuerdo. Era jueves y brillaba el sol, algo poco común a finales de noviembre a orillas del Cantábrico, donde vivíamos entonces. Me levanté contenta, porque iba a desayunar con mis padres. Los demás días entraba en clase a las 8 de la mañana, y desayunaba en la cocina, antes del amanecer, sola. Pero precisamente los jueves no empezaba hasta las 10.

Me faltaba un mes exacto para cumplir 13 años y cursaba Cinquième (equivalente a séptimo de Primaria). Cuando mi padre me oyó llegar al comedor, me dijo, alegre como el excepcional día de noviembre que había amanecido: "¡Buenas noticias! ¡Franco ha muerto!" Sí, eran buenas noticias para todo mi entorno y para mucha más gente, aunque a decir verdad sólo me fui dando cuenta de ello con el pasar de los años.

Por aquel entonces, la palabra libertad sólo tenía para mí una dimensión personal e individual. O sea, significaba "hacer lo que me salga de las narices", con unas limitaciones vinculadas a un entorno muy concreto y unas normas muy elementales. No tenía una conciencia social desarrollada, un conocimiento de lo que llamamos política. A pesar de eso, el día en que Franco murió quedó marcado como "bueno para todos" en mi memoria, aunque sea de una forma un tanto infantil.

Lo curioso es que hoy, 33 años después, me doy cuenta, como si lo hubiese vivido, de que el año 1975 fue importante para muchas personas que querían dejar de sufrir. Es una empatía sin duda vicaria, pero real. Mi Ratita también tenía 13 años entonces. Su madre la sacó del colegio donde no pudo terminar su Enseñanza Primaria Obligatoria y la puso a trabajar para mantener a la familia.

Tuvieron que pasar 30 años para que Ratita recuperara la vida que le arrebataron. Podemos estar contentas, porque otr#s murieron sin conseguirlo. Pero la putada estaba hecha.

El mismo año en que yo no sabía bien por qué era importante el General Franco, mi Ratita tenía su primera experiencia lésbica y trabajaba para mantener a su madre y hermanos. Me entran ganas de matar cuando pienso en ello...

Me llena de pena y rabia que ese hijo de puta entrara en la historia y mi Ratita no. Intentaré compensar esa penosa injusticia escribiendo su biografía, de la cual estoy repasando el primer capítulo-prólogo. Eso es lo poco que puedo hacer.

Life stinks... but here's hope.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Nadie como tú...

Era la primera vez que íbamos juntas a un concierto. Hasta ahora, la única.

No fuimos solas, pero como si lo estuviésemos. La plaza de Las Ventas aquél jueves de junio estaba a reventar. En el escenario, un Miguel Bosé estupendo como siempre.

Me sentí tan bien teniéndote a mi lado que parecía que las canciones estaban todas dedicadas a nosotras.

Nadie como tú para hacer especiales las cosas simples.

Nadie como tú para desear que la noche no acabe nunca.

Nadie como tú para hacerme sentir como un millón de dólares.

Nadie como tú me sabe hacer... ¡café!

TE QUIERO

lunes, 3 de noviembre de 2008

Todo llega :-)



A la derecha de estas líneas (foto de la semana) puede verse por qué ando, y sigo andando, alejada de mi blog estas últimas semanas. ¿Qué tal me sienta el uniforme? Jejejeeee.



Estoy terminando el curso de formación de Vigilante de Seguridad y el sábado pasado por la tarde, día de Todos los Santos, me estrené con un "estupendo" turno de 12 horas, de 7 de la tarde a 7 de la mañana, solita en un polígono industrial completamente desierto. Pues jate tú, ni me aburrí, ni pasé miedo, ni nada de eso. Algo de sueño de madrugada, poco más. Prueba superadaaaaaa.

Por cierto, Marga, me acordé de ti y de algunos amigos médicos... Si vosotros aguantáis guardias de 24 horas en un hospital, lo mío tenía que ser pan comido. Las comparaciones son odiosas, lo sé, pero eso me ayudó bastante, de verdad.

Ahora me queda toda la semana de intenso estudio. Leyes, emergencias, incendios, primeros auxilios, etc. etc. Todo para el lunes, y el finde otra vez de servicio en el mismo sitio, sólo que en turno de día, si no me cambian nada. Así que... chao sisters. Nos vemos la semana que viene.

La futura segurata se retira a hincar codos. ¡A chapar por la chapa! Perdón... usemos la terminología oficial:

"La aspirante a Vigilante de Seguridad se dispone a estudiar los contenidos de su formación específica. Debo estudiar para obtener la habilitación oficial y su correspondiente placa de identificación(ovalada de 6 x 8 cms)".

Mira que se complican, ¿eh? Pero se dice así... :-)