RECORTES NO

viernes, 17 de octubre de 2008

Thank Goddess I'm a Lesbian! (IIIª parte y fin)


Ahora, da capo. Remato el tema de l#s heteros y sus neuras de ligoteos imposibles, sueños de seductor#s incomprendidos y demás.

He vuelto a leer el post de La navaja en el ojo que me sugirió esta serie de reflexiones comparativas entre heteros y lesbianas, y creo que tengo alguna respuesta más, sin olvidar el estupor inicial que motivó mi primer post.


1. Mainstream frente a alteridad
Es curioso que los heteros, que supuestamente pertenecen al mainstream (forma mayoritaria/dominante de pensar y actuar), parecen moverse en una permanente cuerda floja cuando interactúan como pareja, tanto en la fase de seducción como en la de estabilidad más o menos "matrimonial". Es paradójico que, teniéndolo todo a su favor, los heteros den la impresión de tal fragilidad a la hora de establecer una relación, mientras que nosotras, las lesbianas, que somos las raras, las marginales, lo tengamos todo tan claro.

Ojo, he dicho claro, no fácil...

Si las lesbianas queremos ligar, sabemos exactamente lo que tenemos que hacer, tanto si queremos una relación estable como si nos basta con un rollo (o serie de rollos) de una sola noche. Tenemos claro lo que queremos, lo que hay... sólo nos falta averiguar cómo y dónde encontrarlo. Esto último es lo difícil, sin duda, pero sólo culparemos de esa dificultad a nosotras mismas: inexperiencia, miedos, torpeza en el manejo de internet, candidez a la hora de predecir fraudes (los plantones y suplantaciones de identidad son frecuentes)... O sea, entre nosotras no hay vencedoras ni vencidas, sólo éxitos o fracasos.

Por lo que cuenta La navaja en el ojo, las mujeres y hombres hetero se debaten en una permanente frustración afectivo-sexual y una mutua incomprensión. Visto desde fuera (o sea, desde nuestra bollosfera), resulta entre patético y divertido ese espectáculo donde se presuponen tantas y tantas cosas del sexo deseado (el opuesto, claro), al tiempo que se le culpa directa y sistemáticamente del fracaso propio. Y ojo, no me refiero sólo al fracaso o frustración en la fase de ligoteo, sino incluso en la relación de pareja (matrimonio, discrepancias a nivel familiar, etc.).
  • Digo patético porque no existe, aparentemente, ninguna intención de buscar la propia responsabilidad cuando algo sale mal, o no responde a las expectativas que uno u otra tenían a la hora de ligar, casarse, o tener hijos, sino que culpan siempre al otr#. "Si es que no hay hombres como antes..." / "A las mujeres no hay quien las entienda..." bla bla, bla...
  • Digo divertido porque se supone que las leyes escritas y no escritas, consciente e inconsciente colectivos, parámetros de interación social, etc. favorecen la pareja hetero, a pesar de lo cual la insatisfacción reina y se extiende inexorablemente. Se acuestan con su enemigo (definido como tal por ell#s mism#s), y luego se quejan. Jajajajajaaaaaaaaaaaaaa.


2. Guerra de sexos

La guerra entre sexos sigue servida. Yo la sufrí en carnes propias antes de mi transición. No entendía por qué se presuponían tantas cosas en el comportamiento del otro sexo (incluso del propio), por qué le pedían tantas cosas sencillamente imposibles. Me llevó años entender que ésa no era MI guerra, y por qué. Media vida, ya te digo...

Es una guerra de información a medias. El sexo A busca X en el sexo B, pero NUNCA le dejará saber exactamente lo que busca, porque cuanto menos sepa, mejor. La información es poder. Lo verdaderamente triste y patético es que la paulatina -y relativa- liberación de la mujer, en lugar de equilibrar las fuerzas para mejorar la situación, ha empeorado sensiblemente las cosas. Y no me refiero sólo a la violencia de género.

Afortunadamente, dejé de luchar contra esas presuposiciones y aquellos imposibles derivados de las verdades a medias entre A y B, y ahora contemplo esos "toros" desde la barrera. Eso es lo que me ha dado paz y un lugar bajo el sol. Repito que no es más fácil, pero lo veo todo mucho más claro.

3. Conclusión: ¿quién torea a quién?

Cuando una mujer hetero me cuenta su penas de amores, o sus problemas con su ex acerca de sus hijos, la miro con una cierta ironía, y le hago preguntas que la ponen nerviosa, poniendo al descubierto esa guerra informativa en la que se creía maestra. Cuando es un hombre el que me llora sus frustraciones de conquistador o padre fallido... más o menos lo mismo, salvo que mi falta de identificación con él me impide explicarle nada, ni siquiera rellenar esos huecos informativos que la guerra de sexos le ha creado.

Qué pena me dan... Lo tienen todo para ser felices y se dedican a proteger secretos, tratando de conseguir lo que quieren mediante engaños y pases de muleta, como en los toros. Pobres... menudas cornadas se llevan...

Así que... igual algún día se darán cuenta de lo que significa realmente la igualdad, se la creen, y no intentan utilizarla como arma en beneficio propio. Cuando dejen el capote y se pongan a jugar con las cartas boca arriba, igual entienden por qué las lesbianas, en lugar de sentirnos raras o culpables por serlo, preferimos esa dificultad antes que una victoria en esa lucha por el poder.

La empoderización (empowerment) es eso: SER alguien que se siente grande para sí misma, en lugar de HACER algo que resulte grande para los demás.

Pues sí, sisters: Gracias a Diosa, soy lesbiana.

4 comentarios:

marga dijo...

clap clap clap clap clap clap clap

esto debería estar en algún libro

felicitaciones

Olga_C dijo...

Muchas gracias, Marga. :-) Un beso.

Lucía dijo...

Siento discrepar, Olga, pero creo que ni todo es tan blanco, ni todo es tan negro. Hay millones de tonalidades de grises y, como cualquier cosa de las relaciones de pareja, aparte dle problema de que no sólo depende de ti, puesto que al ser una pareja, depende de dos personas, está el tema de que los humanos somos como somos, es decir, hoy es A y mañana es B, y pasado es C, pero al día siguiente, volvemos a querer A.

Creo que no se puede reducir la teoría de las parejas hetero-homo a tres posts de verdades absolutas, pero en general, estoy de acuerdo contigo

Olga_C dijo...

Por supuesto que hay grises, Lucía, y no he pretendido dogmatizar a base de verdades absolutas, porque éstas no existen. Tú y yo lo sabemos, pero la mayoría de l#s hetero parece que no...